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Lula da Silva: la resurrección de un icono latinoamericano

Luiz Inácio Lula da Silva gana las elecciones en Brasil. Foto: EFE.
El expresidente brasileño y candidato presidencial Luiz Inácio Lula da Silva posa con simpatizantes a su salida tras votar en la segunda ronda de las elecciones presidenciales hoy, en Sao Bernardo do Campo, Sao Paulo (Brasil). EFE/Sebastiao Moreira
Sebastiao Moreira/EFE

PERFIL

El nuevo Lula es tiene un tono moderado, se acercó a la religión como nunca antes e hizo alianzas con grandes empresarios.

Luiz Inácio Lula da Silva, de 77 años recién cumplidos, dos mandatos presidenciales, siete campañas, fundador del Partido de los Trabajadores (PT), líder sindical, condenado por corrupción y después sobreseído, héroe para unos y corrupto para otros, se convirtió ayer, una vez más, en el presidente electo de la República Federativa de Brasil.

Su historia -que también es la historia de millones de brasileños- es vasta y conocida: nació en el nordeste (donde arrasó el PT en primera y segunda vuelta) en Caetés, Pernambuco. Migró al sur con su madre y sus hermanos; su tierra prometida era San Pablo.

Allí aprendió tornería a los 15 años, un oficio que, además de darle trabajo, fue la génesis de su carrera política.

Lula llegó a presidir el sindicato de metalúrgicos, donde lideró huelgas masivas en plena dictadura y mostró por primera vez el carisma que lo llevaría a los siguientes escalones de su carrera política. Así nació el PT, con orígenes de una izquierda que en aquel momento era vista con temor.

Lula perdió tres elecciones: en 1990, 1994 y 1998. Pensó en retirarse, pero no sospechaba que la cuarta era la vencida. Ni que 20 años más tarde, después de pasar 580 días en la cárcel por su desestimada participación en el entramado de corrupción Lava Jato, millones de brasileños volverían a consagrarlo como jefe de gobierno de un Brasil polarizado, cuya economía empieza dar señales de resurrección tras el golpe brutal de la pandemia.

Pero esta vez es distinto. El PT ya no es la enorme máquina electoral de los primeros gobiernos, y en esta última elección se forjó lo que los analistas llamaron “antipetismo”, un sentimiento al que el presidente Jair Bolsonaro apeló durante toda su campaña. Es que para buena parte de los brasileños, Lula no dejó de ser el cabecilla de una banda que saqueó dineros públicos, pese a la anulación de su condena.

Entonces, con un PT debilitado, el presidente electo armó una coalición que incluye centristas y liberales. Y él mismo adoptó un tono moderado, se acercó a la religión como nunca antes e hizo alianzas con grandes empresarios.

Festejos en Brasilia por la victoria de Luiz Inacio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Foto: AFP.
Festejos en Brasilia por la victoria de Luiz Inacio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Foto: AFP.

Desde San Pablo, el analista José Álvaro Moises, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de San Pablo, afirma a El País: “En 2002, la idea de Lula era dar garantías para que el mercado no viera una radicalización de izquierda”. Por otro lado, lo que los electores demandaban era “acción por parte de Lula y su campaña”. Ahora, el centro es “reconstruir la democracia, asegurar que los ataques y amenazas no prevalezcan. Y con ese objetivo en mente, está demostrando que es un político capaz de negociar con antiguos adversarios”, dice Moises. En ese sentido, además del respaldo político necesario para ganar, señala que “la alianza con el centro y los liberales fue un cambio estratégico que va en la dirección de confirmar la defensa de la democracia”, la idea que rigió durante toda la campaña.

Por su parte, Graziella Testa, doctora en Ciencias Políticas de la Universidad de San Pablo, dice a El País que “la gente tiene que recordar que el Lula de 2002 ya era un Lula que podía ser considerado moderado en varios aspectos. Aunque hubiese construido una imagen ligada al movimiento de trabajadores, al sindicalismo, construyó un gobierno socialdemócrata”.

En aquel momento, dice Testa, la “moderación” estaba más vinculada a lo económico, mientras que ahora es más social: “Buscó aproximarse más a los evangélicos y hacia personas que piensan muy distinto que él. Su gobierno de 2022 tendrá ligaciones muy fuertes con los agronegocios, por ejemplo, y deberá conciliar eso con un movimiento de trabajadores sin tierra. Son dos sectores antagónicos que apoyan a Lula actualmente”, afirma.

El Lula del futuro deberá ser eso, dicen los analistas: el que esté en el medio de los extremos.

Es el primero que logra ganar tres elecciones presidenciales en Brasil

Al derrotar a Jair Bolsonaro en la segunda vuelta, Luiz Inácio Lula da Silva se convirtió ayer en el primer brasileño en la historia en ganar tres veces una elección presidencial directa. Al mismo tiempo, Bolsonaro se transforma en el primero en perder una reelección desde el retorno de la democracia. El desempeño de Lula en 2022 también hará que el futuro presidente se convierta en el segundo brasileño en permanecer más tiempo como jefe del Ejecutivo. Hasta entonces, Lula y Fernando Henrique Cardoso, con dos mandatos de igual duración cada uno, sumaban 2.922 días en el cargo. Si concluye el nuevo ciclo, Lula llegará a casi 4.400 días como presidente.

Aún así, Lula quedaría muy distante del exmandatario Getúlio Vargas, quien estuvo 6.775 días en el cargo más importante de la política brasileña. (En base a OGlobo)

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